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FABES
A LA MANERA DE CHUCHO
Quiénes, cuándo y dónde
Cocinero y anfitrión: Chucho.
Comensales: Chucho y Pepe Martinell.
Fecha: 28.08.2007.
Lugar: La Borbolla (El Rilosu), en casa del anfitrión.
Chucho
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Para quienes
conocéis a Chucho de La Borbolla
-seguro
que la inmensa mayoría de
quienes accedéis a esta página-
sin duda que las palabras que
siguen resultarán innecesarias. Pero para esos pocos que
acaso no le conocéis, y, en todo caso, por cuestión de
justicia, he de decir que la persona con la que hoy nos
asomamos desde Labor Gastronómica
-ese hombre menudo del Rilosu,
bellamente arrugado, de cabello rizoso aún abundante y
semicano, sencillo y pulcro en el vestir, a quien la madre
naturaleza privó del habla pero ni mucho menos del don de
expresarse (ojo al dato, en un momento en que semiólogos y
demás teóricos de la comunicación tanta importancia otorgan
al lenguaje no verbal)-
es
alguien que concita la
simpatía y el afecto de cuantos le conocen y le tratan, y
forma parte esencialísima e insustituible del paisaje humano
de nuestro pueblo, sea paseando por alguna calleja, sea en
una procesión, sea en el santuario del vino (¡bendito bar El
Parque!) tomando el blanco, o en cualquier otro lugar u
ocasión. |

Chucho (imagen
retrospectiva: 20.08.2001) |
Chucho,
-Chuchín,
como le llama Vicente-
es como es y no le queremos de otra manera. Y cuando no hace
tanto pasó por
un apurillo de salud,
felizmente superado, aunque seguía dejándose ver, su
semblante tristón nos entristecía a todos.
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La casa de Chucho en el
Rilosu |
Hace tiempo que intuí que Chucho, que hoy
vive sólo y retirado de vacas y guadañas, debía cocinar con
esa misma manera curiosa que denotan su sencillez y
pulcritud en el porte y en el vestir. Varias personas que le
conocen bien así me le confirmaron, añadiendo una de ellas
que cocina a la antigua, porque se crió con las viejas
(dicho sea con el mayor cariño), hoy desgraciadamente
desaparecidas.
No era cosa de obligar a Chucho
a un sarao fuera de sus austeras costumbres. Así que decidí
proponerle una comida en su casa, solos los dos, cocinada
por él. Enseguida aceptó. Le pregunté
qué
me iba a preparar. “Fabes”, me respondió pero “sin morcilla,
que repite”.
A mi me pareció magnífico. Ya sé que en los libros
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oficiales de
gastronomía la fabada asturiana tiene unos requisitos
determinados. Pero luego está lo que se hace en cada casa y
cómo se hace. Siempre he dicho que la auténtica gastronomía
de un lugar no se conoce en restaurantes ni en libros, sino
en las casas particulares. |
En el Rilosu
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Chucho en la socarreña |
Me esperaba Chucho a las diez de la mañana. Como me retrasé
diez minutos, el había empezado ya sus preliminares tareas
culinarias. Me gustó su casa del Rilosu, la cocina pequeña,
para que caliente, limpia y ordenada; el salón con diversas
fotografías y recuerdos,
los
muebles “de toda la vida”. Fuera, una socarreña
con leña, carbón, aperos y herramienta. Por los alrededores,
rincones donde encontrar perejil y otras plantas. |

El perejil, más fresco y a
mano, imposible |
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